
Hay equipos que se crecen ante las adversidades y otros que sucumben al aparecer estas. Hay jugadores de una calidad envidiable que se diluyen cuando el adversario aprieta; y jugadores que se crecen en el instante en el que todo a su alrededor les es hostil.
La diferencia se halla en una delgada línea roja que marca el devenir de un conjunto. En una tarde invernal de domingo que invitaba a permanecer en casa; ante un público bullicioso que reclamó cada acción al colegiado; frente a un equipo aguerrido y enardecido por la presión ambiental, cinco jugadores (Rafa, Carlos Molinares, Sara, Víctor y José Luis Sebastián) de una mermada plantilla ya de por sí reducida, lucharon hasta la extenuación para lograr una victoria con carácter épico (34 a 36), de esas que valen más que los puntos en juego.
Superando todas las adversidades, peleando cada balón como si fuese el último, sin perder nunca la fe en la victoria, deleitaron a los familiares y amigos allí congregados, obteniendo un triunfo que vuelve a marcar la senda que debemos seguir.




